La guerra de EE.UU. contra Irán lleva a recordar hasta qué punto la política exterior estadounidense se ha basado no solo en intereses estratégicos sino también en una imagen del adversario construida a lo largo de décadas. Vietnam, Afganistán: en distintos momentos, estos países se convirtieron para Washington en fuentes de amenazas que condicionaron su política hacia ellos durante años.
A pesar de que las circunstancias cambiaron y los sistemas políticos se transformaron, la percepción del adversario, en muchos casos, permaneció igual. Algunas de estas interpretaciones del pasado siguen influyendo en la política de la Casa Blanca hasta el día de hoy.
'Prisma de agravios históricos'
Adam Weinstein, subdirector del Programa de Oriente Medio del Instituto Quincy, considera que Irán muestra mejor la tendencia de EE.UU. a "fijar su percepción de un adversario en un único momento" y crear el enemigo eterno.
Indicó que la imagen negativa de Irán se formó en EE.UU. como resultado de numerosos acontecimientos, entre ellos el atentado contra el cuartel de los Marines estadounidenses en Beirut, el Líbano, perpetrado por Hezbolá en 1983 o la prolongada lucha con los milicianos en Irak, destacando que muchas de las acusaciones de Washington contra Teherán ya han quedado obsoletas.
Según el analista, la nación persa también tiene sus propias cuestiones pendientes con EE.UU., relacionadas con el derribo del vuelo 655 de Iran Air en 1988, el apoyo a Sadam Husein durante la guerra entre Irán e Irak de la década de 1980, así como el "devastador" régimen de sanciones.
Asumió que la percepción de Irán como un Estado "enloquecido" llevó a Washington a creer que el asesinato del líder supremo, el ayatolá Alí Jameneí, podría quitar no solo al liderazgo del país, sino a todo el sistema político. "EE.UU. sigue formulando su política a través del prisma de agravios históricos y de una incomprensión de la realidad actual, y se encuentra en las primeras etapas de repetir ese mismo error con Afganistán", aclaró.
'Herida abierta'
En lo que se refiere a Afganistán, Weinstein afirmó que las autoridades estadounidenses percibieron a los talibanes como una "contaminación extranjera" y a la sociedad afgana como algo que esperaba ser restaurado hacia algo más acorde con los propios valores de EE.UU.
"Esa visión llevó a Washington a actuar no solo como árbitro político, sino también como tutor. Cuando esta interpretación de Afganistán resultó ser incompleta y Estados Unidos se cansó, negoció su salida con los mismos talibanes y se marchó, dejando atrás a sus socios europeos, que salieron apresuradamente y presos del pánico", detalló.
El experto añadió que luego la Casa Blanca se negó a mantener negociaciones con el Gobierno con el que negoció la retirada de sus tropas. En este contexto, calificó a Afganistán como una "herida abierta" o humillación para EE.UU., que debe ser reivindicada o relegada al ámbito de la curiosidad histórica.
Acercamiento pragmático
Entre otras cosas, Weinstein recordó que, a lo largo de su historia, Washington se ha enfrentado a diferentes "desafíos" en países muy distintos, entre ellos Afganistán, Irán o Vietnam.
"La lección no es que la reconciliación sea fácil ni que los adversarios siempre acaben convirtiéndose en amigos, sino que un acercamiento pragmático, por lento e imperfecto que sea, tiene más probabilidades de producir mejores resultados que convertir a enemigos temporales en enemigos permanentes", concluyó.