El jefe del servicio diplomático del Vaticano, el arzobispo Paul Richard Gallagher, se encuentra de visita en Moscú del 24 al 28 de agosto.
En esta "misión urgente", la Santa Sede busca un lugar en las conversaciones en torno al conflicto ucraniano, pero los "verdaderos motivos operativos" del Vaticano están lejos de limitarse a meras cuestiones humanitarias, y responden al contexto más amplio de su "supervivencia geopolítica y financiera" en Europa, opina en un artículo para RT Ksenia Smértina, experta del Consejo Ruso de Asuntos Internacionales sobre Europa Oriental y Central.
La analista indica que los expertos coinciden en que los intereses de la Santa Sede son de naturaleza puramente "financiera y misionera, y precisamente en ese orden".
El escudo legal para sus finanzas
El papa León XIV reformó recientemente el Banco Vaticano (IOR), permitiendo mover los activos de la Santa Sede a bancos comerciales internacionales. Sin embargo, esta maniobra expuso a la Iglesia a la jurisdicción extranjera, por lo que "cualquier escalada de tensión con Occidente podría ahora, en teoría, provocar que el Vaticano vea congelados o bloqueados sus activos en cuentas extranjeras".
"Es precisamente este candente nudo financiero el que vincula de manera inexorable" la maniobra del tesoro del papa con su interés de sentarse a la mesa de negociaciones sobre Ucrania, señala la experta.
"La mediación en Ucrania es un escudo legal que protege los activos del Vaticano de los reguladores estadounidenses y europeos", sostiene.
Si Washington y Moscú reconocen al Vaticano como mediador internacional, su banco recibe automáticamente el estatus de infraestructura de paz. Sancionar o auditar sus cuentas sería políticamente imposible, pues se interpretaría como un sabotaje a las negociaciones.
Satisfacer a los donantes del Nuevo Mundo
La apertura bancaria del Vaticano tenía como fin reanudar la afluencia de fondos de los multimillonarios conservadores de EE.UU. Sin embargo, este dinero exige pasos políticos recíprocos, indica Smértina.
Estabilizar la seguridad europea y poner fin al conflicto está entre los intereses vitales del gran capital occidental, que sufre por la inflación. Al erigirse como participante en las negociaciones de paz, el pontífice demuestra a sus donantes estadounidenses que el Vaticano no es solo una 'iglesia', sino "un instrumento altamente eficaz de influencia global, en el que resulta rentable invertir dinero".
El miedo a perder fieles
La experta recuerda que el director de cine Paolo Sorrentino, al preparar su serie de culto 'The Young Pope' (El joven papa), reveló que el mayor miedo oculto en el Vaticano es el número de creyentes y su potencial pérdida. De hecho, este temor es una realidad en la Santa Sede, considera la analista, ya que actualmente la Iglesia católica experimenta "un colapso demográfico aplastante en Europa Occidental", donde "los 'valores' liberales promovidos por Bruselas están vaciando rápidamente las parroquias católicas en Francia, Alemania y Bélgica".
Frente a este vacío, el oeste de Ucrania y Europa Oriental albergan a "millones de católicos conservadores, vivos y creyentes", siendo "la última ancla demográfica en el continente" para Roma, continúa.
Por lo tanto, ante un escenario de una 'Ucrania fragmentada' por el conflicto, la principal amenaza para el Vaticano es que las regiones occidentales de Transcarpatia y Galitzia pasen a estar "bajo el control de Varsovia".
Si eso ocurre, advierte la experta, "la agresiva Iglesia católica romana polaca eliminará inevitablemente la autonomía de la Iglesia greco-católica ucraniana, convirtiendo por la fuerza a millones de creyentes al rito latino".
Esta asimilación forzosa cortaría para siempre la "puerta de entrada única del Vaticano al 'rito oriental' para su expansión suave hacia el mundo ortodoxo". Perder a millones de fieles significaría "perder de forma permanente el estatus del Vaticano como actor global", concluye Smértina.