Brasil se encamina hacia unas elecciones presidenciales especialmente reñidas, en las que no solo está en juego quién gobernará el país, sino también qué modelo político, económico y geopolítico marcará su rumbo durante los próximos cuatro años.
Luiz Inácio Lula da Silva mantiene por ahora una ligera ventaja sobre Flávio Bolsonaro, pero la distancia sigue siendo estrecha y varios factores —desde la seguridad y la economía hasta la influencia de EE.UU. y la capacidad de movilizar al electorado— podrían inclinar la balanza en las últimas semanas.
Dos modelos de país en disputa
Más allá de las respuestas que los candidatos ofrecen a los problemas cotidianos, los brasileños deberán decidir la trayectoria de la mayor nación de Sudamérica. Los candidatos representan dos proyectos opuestos. Mientras Lula apuesta por la soberanía, la cooperación con los BRICS y los países del Sur Global, el proyecto de Flávio Bolsonaro contempla una relación más estrecha con Estados Unidos y con otros gobiernos conservadores de la región y de fuera de ella. Las diferencias también se extienden a sus respectivos modelos de desarrollo interno.
"El primer factor, el más estratégico y de largo plazo, es la elección por parte de los brasileños entre dos grandes proyectos de Estado: bien un 'poderoso Estado de bienestar', encarnado por Lula, o bien un 'Estado conservador-liberal eficiente', asociado actualmente sobre todo con Flavio Bolsonaro. Y me gustaría decir que esta elección no está en absoluto predeterminada", explicó a RT Ksenia Konovalova-Aljiménkova, profesora sénior de la Universidad Estatal de San Petersburgo.
El precio del Estado de bienestar
Cada modelo tiene sus fortalezas y debilidades. En materia económica, Lula defiende mantener el actual mecanismo fiscal y aumentar la inversión, mientras su rival propone recortar el gasto, eliminar al menos diez ministerios y revisar las propias reglas presupuestarias.
El principal punto vulnerable del proyecto de izquierda es el presupuesto. El programa de la oposición señala que la relación entre la deuda y el PIB aumentó 13 puntos porcentuales durante el actual gobierno.
"Aunque el modelo brasileño contemporáneo de Estado social y de desarrollo resulta atractivo, también tiene sus puntos débiles: obligaciones presupuestarias sobredimensionadas, una deuda pública creciente que hay que financiar y desequilibrios estructurales que persisten pese a la atractiva retórica de la izquierda", señaló Konovalova-Aljíménkova. "Tal como lo veo, actualmente el PT no representa simplemente un 'Estado de desarrollo', sino un 'Estado de desarrollo' cada vez más liberal de izquierdas, por lo que no es tan universal como podría parecer", añade.
La alternativa de derecha presenta la vulnerabilidad opuesta: el costo de sus promesas. El programa de Flávio Bolsonaro promete tanto una profunda reducción del gasto como el regreso a las privatizaciones, pero no especifica ni los beneficios esperados ni los plazos.
La batalla por el tema que más preocupa al país
El principal cambio en la agenda de este ciclo electoral es que la seguridad pública ha pasado al primer plano. En una encuesta de Nexus/BTG, por primera vez desde que se realizan estas mediciones, la seguridad superó a la corrupción como principal problema del país: fue mencionada por el 33 % de los encuestados. La preocupación se distribuye casi por igual entre los votantes de ambos candidatos, con un 32 % en cada grupo. Un tema considerado tradicionalmente una baza de la derecha se ha convertido así en una inquietud transversal.
Las respuestas de ambos candidatos son opuestas. Bolsonaro propone declarar al Primer Comando de la Capital (PCC) y al Comando Vermelho como organizaciones narcoterroristas, reducir la edad de responsabilidad penal de 18 a 16 años, construir cinco cárceles de máxima seguridad inspiradas en el modelo de El Salvador e involucrar directamente a las Fuerzas Armadas en la lucha contra el narcotráfico.
Lula, por su parte, propone crear un Ministerio de Seguridad Pública —si se aprueba la enmienda constitucional presentada por su Gobierno— para coordinar las políticas con los estados y dar prioridad a la prevención y la inteligencia.
La campaña más internacionalizada en décadas
El diario Gazeta do Povo califica esta campaña como la más internacionalizada desde el final de la Guerra Fría. Ambos candidatos abordan activamente las relaciones con líderes extranjeros, las sanciones comerciales y el posicionamiento geopolítico del país, algo relacionado en gran medida con la abierta implicación de Estados Unidos.
Konovalova-Aljíménkova destaca que el factor estadounidense tendrá una importancia considerable. "Por un lado, está el contexto geopolítico mundial al que se orientan los candidatos. La retórica soberanista le da puntos a Lula, pero en la práctica actúa con marcada cautela, prefiere negociar con Trump y evita la confrontación. Es una línea bastante cómoda y comprensible tanto para la población como para las élites", explicó.
"Por otro lado, no cabe duda de que el entorno de Trump apostará por Bolsonaro. La ayuda puede adoptar muchas formas y afectar seriamente a sus posibilidades: financiación, campañas en redes sociales, apoyo mediante distintas tecnologías políticas y una mayor explotación del tema de la 'caza de brujas en Brasil', asociado al proceso judicial contra Bolsonaro padre", añadió.
Una carrera abierta hasta el final
Según la mayoría de las encuestas, la diferencia entre ambos candidatos continúa siendo reducida y fluctúa. Los expertos advierten que cualquier crisis inesperada podría influir en el resultado.
"En teoría, las posibilidades de los políticos pueden cambiar por acontecimientos muy distintos e incluso espontáneos, desde un deterioro de la salud de Lula hasta la publicación de nuevos datos sobre corrupción o problemas legales de la familia Bolsonaro. También podrían producirse crisis sociales relacionadas con la seguridad o con una mayor polarización política", señaló la experta.
La analista recordó que la historia electoral brasileña ofrece numerosos ejemplos de previsiones que acabaron fallando en el último momento.
De las nueve elecciones celebradas en el país desde 1985, cuatro produjeron, por distintas razones, resultados muy diferentes de los que parecían perfilarse durante el año previo a los comicios.
En gran medida, el desenlace podría depender de la capacidad de cada bando para movilizar a su electorado durante las últimas semanas de campaña.
Un análisis de la revista Nueva Sociedad señala que el actual presidente y su partido tienen "un suelo alto, pero un techo bajo". Es decir, el PT cuenta con una base de apoyo clara entre los sectores de bajos ingresos, la población no blanca, los empleados públicos, los trabajadores y los sindicatos, entre otros grupos, pero a la izquierda le resulta ahora difícil encontrar nuevas fórmulas capaces de atraer muchos más votos.
"La derecha, por su parte, tiene una reputación dañada por la figura de Bolsonaro padre, por el intento de golpe de Estado de enero de 2023 y por su limitada atención a las cuestiones sociales. Sin embargo, todavía puede ganar terreno si adopta una retórica y una agenda más pragmáticas, algo que suele ocurrir precisamente en la fase final de las campañas electorales", concluyó Konovalova-Aljíménkova.