El ministro de Relaciones Exteriores de Rusia, Serguéi Lavrov, detalló su encuentro con el jefe de diplomacia del Vaticano y minimizó la llegada a Moscú del director de la CIA.
Consultado durante una entrevista para el canal RBC sobre la coincidencia de las visitas del arzobispo Paul Richard Gallagher y del director de la CIA, John Ratcliffe, esta misma semana, Lavrov respondió escuetamente que se debió al "deseo de quienes nos visitaban de venir y conversar". Sobre el encuentro con el secretario del Vaticano para las relaciones con Estados y organizaciones internacionales, indicó que ya "prácticamente contamos todo" en la rueda de prensa posterior.
El canciller ruso explicó que el Vaticano expresó interés en que el conflicto ucraniano termine cuanto antes y confirmó su disposición a ayudar en cuestiones humanitarias. Lavrov dijo haber expresado sus críticas a Occidente por buscar un alto el fuego sin paz duradera, con el fin de desplegar "fuerzas de estabilización" británicas y francesas en territorio ucraniano para "conservar y proteger el régimen neonazi".
El ministro denunció en ese contexto que el régimen de Kiev es "el único en el mundo que ha prohibido legislativamente todo un idioma y toda una religión canónica", y que las prohibiciones precedieron a la operación militar especial. "Nadie, en ninguna propuesta de resolución, cualquiera la plantee, menciona ni el idioma, ni la religión, ni los derechos humanos", afirmó, citando la Carta de la ONU que obliga a respetar derechos sin distinción de lengua o religión.
Sobre la visita de Ratcliffe, que The Wall Street Journal vinculó con supuestas advertencias sobre un ataque ruso a un país báltico, Lavrov señaló que no estuvo presente en la reunión y recordó que "en todo el mundo hay reglas bajo las cuales los servicios especiales interactúan entre sí". Indicó que no hay "nada inusual" en que realicen su trabajo "en silencio", al igual que la diplomacia maneja asuntos sensibles sin revelar detalles que pudieran "ahuyentar posibles compromisos y consensos".